“Almost famous” El arte de ser auténtico

 en Cine
¿Te gusta este artículo? Compártelo:

“Según Carl Jung todos tenemos un sexto sentido: la intuición.

Conoces a alguien y sientes que no puedes vivir sin él.

Eso puede ser el recuerdo de un amor del inconsciente colectivo,

o pueden ser las hormonas”.

Elaine Miller (dando clase en universidad)

 

 

Para hablar de la película “Almost famous” (2000) comenzaré por decir que es de mis favoritas. Me parece que el éxito que tiene, además de la maestría con la que fue realizada y su atinado elenco, es que resuena fácilmente con cualquiera mayor de 15 años. En lo personal, puedo relacionarla con muchos aspectos de mi vida que se proyectan en los distintos personajes.

En general, me parece una película que, al terminar, te deja un sabor dulce, incluso reflexivo. Se muestra el rock como una manifestación de la rebeldía de la adolescencia, llena de confusiones y en búsqueda de la vida como una aventura lejos de las restricciones de casa. Están los jóvenes por un lado y los adultos, por otro. Estos últimos representados en las figuras de Elaine (Frances McDormand) y Lester Banks (Phillip Seymour Hofman), la primera madre y el segundo, mentor de William.

Empezaré por el entrañable personaje de Elaine, “mamá gallina”, viuda, trabajadora y sumamente preocupada por el mundo al que van a ingresar sus hijos al dejar el nido. Cariñosa y sobreprotectora, teme las amenazas de la cultura: drogas, sexo y rock and roll y, sin embargo, sabiendo que no puede hacer nada para impedir que crezcan, los acompaña a la distancia en sus aventuras.

Al respecto hay escenas y frases geniales, como la llamada de Elaine con Rusell, donde lo ubica enérgicamente respecto a la responsabilidad hacia su hijo y termina diciendo “Go do your best! Be bold and mighty forces will come to your aid” (“Ve a hacer tu mejor esfuerzo. Se valiente y fuerzas poderosas vendrán en tu ayuda”). Hace lo mismo que con sus hijos cuando los reprende y luego los anima a seguir adelante.

Me parece una combinación que funciona muy bien, pues, después de irse sus hijos, William y Anita, en sus búsquedas personales, pudiendo escoger cualquier lugar, vuelven a su puerto seguro: el hogar, donde su madre los espera con los brazos abiertos para que recobren fuerzas. Elaine sabe que ha instalado valores y al verlos regresar es una manera de confirmar que hizo bien su trabajo.

Se juntan dos etapas vitales complicadas. Por un lado, la mamá con la lucha verlos crecer y vivir el duelo de pasar de un rol protagónico al estar ahora en el backstage de sus vidas. Y por otro, el paso de los hijos de la niñez a la adolescencia, incluso probando ya el mundo adulto.

En este sentido me pareció muy inteligente cómo el escritor y director, Cameron Crowe, empalma la graduación de secundaria –a la que asiste sola la mamá de William—con la escena donde está William salvando a Penny Lane de una sobredosis. Por una parte, suena muy básico el discurso del director cuando él ha vivido en unas semanas mucho más que todo lo estudiado en su formación básica y con esa escena se “gradúa” como un buen ser humano.

Lester Banks, es otro rol genial. En la búsqueda de su pasión, William lo encuentra como guía al dedicarse a lo que él tanto ama: ser crítico de rock. El tener a alguien así, es algo valiosísimo en la vida de los adolescentes. Al buscar independencia, no quieren ser encaminados por sus padres, sino por otra u otras personas que les ayuden a encontrar su propio camino dándoles seguridad y apoyo. Es parte de la red que impide que se caiga en los momentos de más agobio.

Un momento entrañable ocurre cuando va caminando con Lester que le dice “no tengo tiempo de hablar con mis fans” y luego el momento incómodo en que se quedan los dos en la calle, y queda en evidencia que intenta también tener una fachada cool pero no lo es, y que no hay tanta distancia entre un adulto y un adolescente: y en ese sentido el mentoraje se hace más cercano. Y eso más que alejar a William, le da seguridad y confianza.

Penny Lane, la líder de las “band aids”, juega otro rol maternal y a la vez de guía para William. Aunque es casi de su edad, trae más camino recorrido viviendo con la banda. Ella lo cuida, lo protege, lo introduce a un mundo nuevo, pero lo deja ser. Es alguien a quien puede recurrir pero que no está encima de él todo el tiempo. Incluso ella no es con quien pierde la virginidad. Se mantiene como una amiga que mantiene su misterio, pero que él lee con precisión. Incluso, desesperado, confronta su negación de ver el “mundo real” en la escena donde le dice “there’s no Morocco” y en esa conversación, ella se da cuenta de que William es el único que realmente la ha visto y que se ha interesado en conocer su verdadero nombre. Es muy tierno ver cómo para William, ella es claramente su primer amor.

Hablando de William, me encanta el hecho de que sea reportero, investigador de una historia interesante, algo similar al trabajo de un psicoterapeuta que se adentra en mundos privados y ayuda a hacer sentido de conductas que no se explican y donde trabajamos creando y comprobando hipótesis que conducen a una mayor comprensión de la singularidad de una persona, pareja o familia.

William está desarrollando una faceta en un mundo donde, equipado con pluma, libreta y grabadora, no solo deja de ser el chiquito bulleado, sino adquiere una posición de poder donde incluso lo ven como “el enemigo”. Tiene la combinación de ser adorable por su cara de niño y sin embargo, al abrir la boca, muestra una madurez mayor a casi todos con los que convive y que se refleja en sus escritos, con lo que consigue el reportaje de The Rolling Stone Magazine. Esa inocencia me parece que también contribuye a que la banda se relaje y no se sienta tan amenazada por ser quienes son enfrente de él. Edgardo Reséndiz, crítico de cine y reportero de profesión, comenta de las dos cualidades para las cuales es entrenado todo buen reportero: saber observar y escuchar. Justo esto es lo que hace William en un ambiente donde nadie realmente observa y mucho menos escucha, y esto es lo que le da la cualidad nata para ser excelente en su trabajo desde tan corta edad.

Una escena muy simpática es cuando entrevista a Larry Fellows, integrante de Stillwater y le pregunta “¿qué le aportas a la banda? ¿Cuál es el químico que le aportas a la química?” Larry hace un silencio y le contesta llanamente “Soy el bajista” e insiste William “Ok, y cuándo lo quitas ¿qué faltaría en términos de estilo?” Y con la misma cara de no haber entendido nada le contesta “El bajo”. Esto se repite en otras entrevistas, donde hace preguntas inteligentes, y se enfoca en la substancia, no en la superficialidad de la banda.

Por tanto, se deduce que fue oro molido para el artículo lo vivido cuando casi se estrella el avión donde viajaban y surgen las confesiones de los secretos de la banda (suceso que por cierto ocurrió al grupo The Who). Y aun en ese momento de sumo estrés, William se da tiempo de decirles del intento de suicidio de Penny Lane y lo mucho que ella les entregó sin ser correspondida lo cual da lugar a una reacción de sorpresa y silencio que se interrumpe con la única línea del baterista “I´m gay”. Así termina el viaje intenso física y emocionalmente.

La película me hizo pensar en la importancia de la música en la adolescencia. Todos hablamos de “la música de mi época” refiriéndonos a la música que escuchamos en nuestra adolescencia justo por la intensidad de las experiencias que frecuentemente van acompañadas de música y cómo estas vivencias son fundamentales en la formación de la identidad.

Lester Bangs dice en la entrevista de radio “He aquí una teoría para que la ignores completamente. La música, la verdadera música no solo el Rock & Roll, te escoge. Vive en tu auto, o vive sola, en audífonos con los vastos puentes escénicos y coros angelicales en tu cerebro”. Opino lo mismo y no solo de la música, sino de los libros y otras manifestaciones de arte.

Otro hilo conductor en la película es el del misticismo de los Rockstars. Precisamente ven a los reporteros como enemigos por el valor de crear una “mística” no rebelando demasiado. ¿Qué pensarían en los 70´s de la hipercomunicación hoy en día donde el rebelar todo -voluntaria o involuntariamente– es ahora la norma… Antes se creaba un halo de misterio alrededor de la vida de las celebridades y ahora sabemos cada detalle de su vida, que los hace seres comunes y corrientes y, por otra parte, cualquiera con cierto grado de ingenio y las herramientas tecnológicas adecuadas puede saltar a la fama.

Finalmente, otro tema central, es el de la lucha de los adolescentes por encontrar su lugar y de ser o no ser “cool”. La clave en William era tener inteligencia emocional y muchos recursos para abordar las dificultades con una madurez importante. Tuvo figuras de apego en quien anclarse: su mamá, su hermana, Lester y seguramente otros maestros y figuras importantes. Tenía la cultura y el bagaje para responder atinadamente y avanzar en un mundo para el que estaba listo.

Aquí una escena que me llama la atención es cuando el ex novio de la hermana que al principio de la película se veía súper cool, después del viaje, cuando entra por la ventana y habla con William, se ve más bien bobo e incluso le dice a William “you look cooler”. Queda en evidencia que es mucho más cool ser inteligente que ser guapo, atrevido o el clásico rebelde sin causa.

Quiero imaginar el futuro de William. Seguro pasaría lo que he visto tantas veces: Eso que se ve como cool no lo será más adelante. Al paso de los años los populares frecuentemente no lo siguen siendo. Frecuentemente te sorprendes que vivir con profundidad y sobre todo, con sentido de vida desde joven paga en el futuro más pronto de lo que creeríamos.

 

 

 

 

 

 


¿Te gusta este artículo? Compártelo:
Artículos recomendados

Deja un comentario