Presentación del libro “Historias del buen ciudadano, Vol. 5”

 en Pequeños Ciudadanos
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Universidad de Monterrey, 17 de abril de 2024.

 

“No hay mejor héroe que el que te muestra un camino nuevo.”

Yuritza Areli Medellín Sánchez

 

Agradezco a Líderes Ciudadanos, en especial a Alejandra Hinojosa que me invitó a participar en este proyecto, y celebro el que se haya realizado este concurso de historias ciudadanas, que promueve la reflexión y la propuesta de acciones que dan ejemplo no solo a los jóvenes, sino a toda la comunidad.

El participar como juez es un trabajo complicado, ya que todos los relatos que concursan tienen propuestas de valor muy importantes. Las que fueron premiadas y que ahora se presentan en este libro, sin duda constituyen una muestra representativa de todos los textos enviados, siendo una buena radiografía del sentir de los jóvenes respecto a nuestra sociedad mexicana.

Primero quiero destacar la valentía de muchos de ellos, porque vemos que en la mayoría de las historias se busca hacer denuncias, no quedarse indiferentes ante las injusticias o problemas sociales y levantar la voz (La defensa de la ciudadana, p. 21 / ¿Por qué me siento triste?, p. 176). “Hoy ya no quiero callar” nos dice Vanessa Castillo (La lucha interna, p. 141) y con esa decisión vence su miedo y habla también por los que son ignorados.

Otro punto importante que vemos en estos ejemplos de vida es que los grandes cambios surgen de pequeñas ideas. Desde iniciar el reciclaje en casa (Una pequeña acción, p. 33), un pequeño huerto (Nuestro pequeño huerto escolar, p. 18) o la siembra de unos cuantos arbolitos (Y solo era para tener un diez, p. 168) hasta defender a alguien que sufre acoso sexual (Una sensación indescriptible, p. 108). Todas son acciones desinteresadas que impactaron, como una piedra en un lago, a muchas personas a su alrededor. Como nos invita Regina Chapuz “que sea tu chispa la que comience el incendio”.

Por otra parte, vemos también a través del libro, una conciencia de la posición privilegiada de quienes tienen un don o un recurso que no quieren mantener para sí mismos (La lotería de la vida, p. 27). Esa generosidad, empatía y entrega altruista, son grandes motivadores que contagian y combaten la indiferencia y apatía que tanto reinan en nuestra sociedad. Salir de la comodidad para recoger basura en los ríos (Sabásura, p. 110) o en la presa de la boca (La realidad de la cultura ciudadana, p. 35), brindar ayuda en zonas de extrema pobreza, interesarse por el bienestar de quien tiene un puesto de hamburguesas (Papas fritas, p. 126), o en el anciano tirado en la calle que nadie atiende (Coincidencias del destino, p. 78), son ejemplos prácticos y claros de cómo todos podemos incomodarnos para hacer de este, un mundo mejor.

Otro punto importante en los relatos es la presencia de dilemas morales que son resueltos con una claridad contundente. Está el caso de la denuncia de corrupción en una escuela, donde una alumna asumió el perder un ciclo escolar por presentarla (Di sí a lo correcto, p. 39); o la niña que denunció la violencia en el salón de clases con la consecuencia de ser rechazada (No tengas miedo de hacer justicia, p. 42) y más aún el que denunció a sus hermanos por robar y luego él mismo se enfrentó al dilema de actuar con integridad (Una gran prueba, p. 75).

Otra que llamó mi atención fueron las jóvenes que tumbaron un señalamiento de “alto” en un accidente automovilístico que nadie vio, y aun y que ya se habían dado a la fuga, después regresaron para confesar el incidente a la policía (La pesadilla, p. 50). En todos estos casos, vemos que al final prevalece una paz moral, que no tiene precio, como efecto de haber hecho lo correcto.

En este sentido, vemos en los relatos que no solo se mantiene la integridad personal, sino que se busca apoyar a otros a ser también íntegros en sus acciones. Siendo esta una base esencial para ser un buen ciudadano.

Asimismo, encontramos ejemplos de valores universales como la bondad, al hacer sentir aceptado a un nuevo alumno o a un profe objeto de burlas (Los profes también son personas, p. 81) o al buscar la inclusión de los que son diferentes; el trabajo en equipo, donde la opinión de todos es tomada en cuenta; el valor de la amistad donde prevalece la admiración y el respeto; el valor de la libertad con límites.

Aparece en repetidas ocasiones también el valor de la solidaridad y la fortaleza de la sociedad en tiempos difíciles. Un caso que aparece varias veces, es el del cismo del 2017 en la Ciudad de México (Inglés tembloroso, p. 61 / Corazón colectivo, p. 150) donde destacan el trabajo incansable por los demás. También se repite una sencilla pero poderosa forma de ayudar: el juntar tapitas para los niños con cáncer (Del plástico a la vida, p. 69 / De tapita en tapita, p. 89 / La basura de unos, p. 173).

También vemos el valor de la responsabilidad de salir a votar (La democracia desde mi opinión, p. 105) y el deber de luchar contra la corrupción (Las controversias del comité de graduación, p. 159). Todos estos son valores que alimentan el valor ciudadano, donde prevalece el bien común sobre los intereses individuales.

Cabe destacar un ingrediente que detecté como uno de los hilos conductores de estas vivencias: la esperanza. No se puede trabajar por otros cuando no se espera que las cosas puedan ser mejores. El optimismo y la visión de un mundo mejor es un gran motivador para el trabajo ciudadano y el liderazgo en acción. En este sentido en el relato Diego Duarte (p. 63) decía “somos más las personas buenas que malas”, lo cual es algo que muchas veces se olvida cuando se tiene una visión pesimista de la realidad. Erika Polina (p.95) agrega “el mundo brilla más cuando das, no solo cosas, sino la ilusión de una vida mejor”.

En esta línea, otro hilo que se entreteje en todas estas acciones ciudadanas es el descubrimiento del sentido de vida. Una y otra vez vemos cómo “es más satisfactorio dar que recibir” (Ecos de su bondad, p. 98 / La luz que nunca debe apagarse, p. 156); cómo nos invitan a ser luz para los demás (México merece el alba de la paz, p. 153) y ayudar a la comunidad a “que empiecen a creer que tienen grandes capacidades y el derecho de cumplir sus metas” (Mejor futuro para todos, p. 165). Todas estas son formas muy eficaces de llevar vidas más plenas y felices.

Como psicoterapeuta, no me queda duda que el escribir en este sentido es terapéutico, pues a través de los relatos, dan forma a eventos que vivieron, los resignifican, aterrizan aprendizajes y los comunican para que muchos podamos beneficiarnos de ellos.

Hablar de que sea terapéutico, se refiere a que logra un cambio importante en la persona. Como menciona Fathma Hernández “los sentimientos desagradables se convirtieron en satisfacción personal” o Juan Alejandro García “Lo que comenzó como un enojo, ahora es parte de un proyecto profesional de vida” (Un peatón enojado, p. 162).

Esa es la función de la elaboración a través de la escritura y la función importantísima de plasmar en papel nuestras vivencias y poderlas ver con una mirada distinta. Como dice Perla Moreno “cambié mi pensamiento de adulto por la visión sencilla de un niño” (Empatía, p. 147).

Finalmente, quiero invitarlos a leer el libro y compartirlo especialmente con niños y jóvenes. Termino con el cuestionamiento de Patricia Nájera (Planeta Iztapalapa, p. 140) “¿Cuál es tu mundo ideal? ¿Qué estás haciendo para convertir tu realidad en ese mundo ideal? ¿Qué te impide actuar?”.

 

 

 


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